Nota de débito

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Vos me debés diez pesos,
no creas que me olvido tu sonrisa:
tu ojos capuchinos,
tu estatura edulcorante
y aquel ambo manchado con silencio.

Vos me debés una canción,
no creas que me olvido tu mañana:
tu acuarela calcada,
tu relato maltrecho
y aquella postal dedicada con champaña.

Vos me debés una charla,
no creas que me olvido de tu miedo:
tu negativa nerviosa,
tu chau no vuelvas más
y la mandada al carajo que respeto a rajatabla.

Pero vos,
sí vos,
me debés diez pesos,
En monedas,
¿recuerdas?

Buenos Aires; 06 de agosto de 2013

Aposemática

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Amarillas las vendas largas del asfalto,
doble cinta la frontera del sentido.
Y las luces,
amarillas gelatinas de la noche,
coágulo infecto tembloroso de hipocondria 
y miedo.

Amarillo el rectángulo atornillado
que me avisa y me refleja:
Cuidado escalón, me dice,
cuidado escalón, 
dos veces.

Me pongo los audífonos pero no escucho nada, 
el silencio es menos azul que una tortilla espumosa 
y más intenso que la mostaza.
El silencio es la ansiedad empastillada de azafrán 
y mercurio
en cápsulas blandas.

Amarillos asideros colgantes de Babilonia,
girasoles que exprimo como lianas.
Y la fiebre,
esa amarilla tropical que me acompaña,
fluorescencia de gorriones
con cirrosis.

Amarillas las marcas reflectantes
que me impiden resbalar como es debido:
Cuidado escalón, me frotan,
cuidado escalón,
de nuevo. 

Cierro los ojos pero no descubro nada, 
la oscuridad es un reflejo contaminado de cadmio 
y una explosión xantoproteica en mi retina.
La oscuridad es la ceguera borgeana del otro,
bastones enconados
de ictericia.

Amarillos los huesos flacos de la barriga del bondi, 
costillar de barrotes sin entrañas.
Y el semáforo, 
amarilla pestaña del tiempo, 
guiño perpetuo titilante 
de la histeria 
y basta.

Amarilla era su blusa descolgada 
del perchero de sus hombros:
Cuidado escalón, recuerdo,
cuidado escalón,
y no me importa.

Abro la boca pero no digo nada,
de un frenazo la página envejece
y de un tirón se me agrietan los sentidos.
La polimita prosigue intacta su espiral
y yo me extingo
en la vereda,
como una yema reventada.


Buenos Aires; 14 de septiembre de 2013

Relojes derretidos

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Y ahora soy yo quien duerme de nuevo en el colectivo,
buscando el sueño que la espuma me niega
como un resorte atravesado.

Quizás va siendo hora de poner en orden mis recuerdos,
mis mechones de pelo con cintita,
mis diplomas escolares,
mi expediente.

Y ahora soy yo quien yace eternamente cabeceando,
recostado al vidrio húmedo y glacial que vibra
como una pandereta.

Quizás va siendo hora de abandonar la filatelia,
la colección incompleta de la fauna,
la historia postal del desencuentro,
la estampilla suelta única en su especie.

Y ahora soy yo quien cierra los ojos como un lagarto,
reptando inerte una vez más
con la esperanza de la cripsis.

Quizás va siendo hora de exterminar las mariposas,
la lepidóptera costumbre de la seda intacta,
la polilla hambrienta de inquietudes,
la postura convicta de la metamorfosis.

Nada cambia,
será mejor que me acostumbre.

Buenos Aires; 01 de agosto de 2013

Ropa vieja

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Sumerja sus carnes en agua salada,
preferentemente del caribe,
donde el mar caliente abunda
y ablanda.

Ripéese la falda sin recato,
desmenuce su cintura estrepitosa,
clave las uñas hasta la hebra
más fina.

Corte el llanto de la cebolla,
el tomate sin piel en cuadraditos,
el ajo desdentado y el pimiento verde
al caldero hirviendo con aceite.

Sofríase un poco hasta dorarse,
derrame el vino blanco en cucharadas,
vierta el jugo de la carne y dele candela
a fuego lento diez minutos.

Arroje todo con descaro,
sazone cada fibra en la cazuela,
recuerde el laurel de la victoria
y el pimentón de sus labios.

Remuévase con sociego y pausa,
remuévase con deleite,
remuévase media hora niña 
y que no se pegue.

Acompáñese con arroz blanco,
un aguacate maduro,
un pedazo de malecón
y un mojito.
Buenos Aires, 28 de julio de 2013

Fuera de órbita

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Nah, si yo no soy un selenita:
Si ni aullo por plenitudes menstruales,
ni me crecen pelos en la lengua,
ni mi estado se anima con las mareas.

Nah, si a la nueva no la registro:
Si ni cuando crece me cosecho,
ni cuando mengua me germino,
ni cuando llena me alumbra suficiente.

Nah, si yo no he sido cosmonauta:
Si ni he plantado mi bandera,
ni la he pisado en pasos cortos,
ni guardo rocas extrañas como muestras.

Nah, si al final,
ella y yo sólo tenemos en común los cráteres,
el lado oscuro,
y el haber girado tanto tiempo como una mosca
buscando el centro de tus gravedades.

Buenos Aires, 27 de julio de 2013

Aporía de Basilio

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Del otro lado del andén hay una luz que espera,
yo la miro cada tanto y me sonríe
como quien recién me reconoce.

Del otro lado del café hay una luz que me acompaña,
yo la miro sin parar y me rutila
vacilante de nostalgias y utopías.

Del otro lado de mis labios hay una luz que me acaricia,
yo le devuelvo incandescente y me encandila
la claridad que me destella.

Cómo penetrar el mar sin apagarla,
cómo sostenerla lenta en el vacío,
cómo sobrevivir cuando se extingue
y escapar callado
cuando más la necesito.

Buenos Aires; 24 de julio de 2013

El fin de la nostalgia

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No pestaño una lágrima,
ni siquiera un puchero cargado de reptantes cocodrilos.
No reprimo la gota salpicada vacilante
de desdicha entre mis párpados quebrados.

No bostezo un silencio,
ni siquiera un sueño atravesado de inspiración profunda.
No sostengo el delirio congelado indiferente
de amargura entre mis cejas despobladas.

No disimulo una sonrisa,
ni siquiera un rictus agridulce de la boca para afuera.
No sostengo la mueca franca acartonada
de tristeza entre mis dientes amarillos.

Será que tu ausencia ya no es aquel látigo con anzuelos.
Será esta extraña sensación de libertad la que me cauteriza.
Será que empiezo a entender de una vez que no pudo ser y ya,
y listo.

Buenos Aires; 18 de julio de 2013