Amores Perros

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No te me encarnes,
suficiente tengo con las uñas
y la mugre cotidiana;
no sé si notás
que esta tierra no es arena del bosque,
ni esta zanja con aceite es el arroyo que refleja
tu estúpido arcoiris.

Acá donde me ves 
no corre ni una brisa, 
mirá si a esta altura no voy a desconfiar
de las palmeras retorcidas
y los espejos de agua;
acá donde me ves me acucho, 
me resguardo.

Mi única salvación es sacar la cabeza por la ventanilla,
como un perro;
parar bien las orejas,
sacarte la lengua a un costado y no decir ni pío, 
porque claro, 
los perros ladran
y yo me cuido mucho la garganta, 
que para morir degollado están los carneros y las gallinas, 
los zodiacos y los horóscopos chinos.

No creas que no sé que te divierte pintarme fiesta, 
mostrarme la pelota y esconderla lisonjeando mis patas
y acariciándome la cola con esa mirada que amenaza siempre con pegarme un chirlo;
me cansa a veces el juego de nunca acabar
dormido sobre tus piernas,
te lo he dicho de muchas formas, 
a partir de este momento sólo me queda morderte, 
y no,
que ya me sobran vacunas y no pierdo de vista el calendario.

Después de todo esto, 
de sobrevivir tanta metáfora canina y tanto mal aliento,
te preguntarás acaso porque no escondo mi cabeza, 
porque dejarla tan expuesta en bandeja a tus antojitos
de niña grande con mascota nueva.

No tendrás en mi una respuesta,
recuerda que los perros ladran todos en diferentes idiomas
y aun sólo consiguen decir lo mismo; 
por eso a veces mi única salvación es sacar la cabeza por la ventanilla
y esperar que aceleres.

Entonces,
parece que sonrío.

Buenos Aires, 13 de febrero de 2014

Como Lunes

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Me levanto a las seis con el ánimo por el piso,
las sandalias puestas en calzones,
las bermudas con el cinto,
la remera blanca
y todo eso.

El baño es un cuarto de hotel deshabitado hace tiempo,
una mampara manchada con petroglifos de humedad, 
un espejo que se oxida a expensas de mis ganas,
esas pocas 
y a esta hora ennegrecida
por los bordes de un amanecer presunto.

¿Por qué el sol no sale nunca por el oeste?
¿Por qué no derrite la ventana glaseada pulmonar del edificio?
Si no encuentro ahora mismo una respuesta contundente no salgo,
me encapricho.

Acaso la inercia se disfraza de esperanza
sopesando razones absurdas de la respiración 
y el miedo a la asfixia, 
en fin.

Me preparo un café más claro que el agua, 
las naranjas exprimidas en el vaso,
el agua caliente con la coca,
el cigarro prendido
y todo eso.

La cocina es la guerra después de la guerra,
una vajilla ensangrentada y despojos putrefactos,
una mesada que brilla mis ausencias, 
y otras tantas perdidas
en la borra inteligible
decantada hacia los fondos de mis botellas vacías.

¿Quién supo descubrir la fermentación de los azúcares?
¿Quién no advirtió la resaca ponzoñosa que me irrita hasta la boca del estómago?
Si no encuentro ahora mismo un culpable convincente me profugo,
no me hago cargo.

Acaso la entropía se confunde con la muerte
considerando presiones probables del azar
y el destino irreversible,
en fin.

Me camino la casa antes de irme,
la billetera el dinero la sube en el bolsillo,
el último pucho sin la caja,
la llave colgada
y todo eso.

Afuera persiste un simulacro siniestro como una parodia,
una pantomima programada para ganarme el sustento,
una ilusión cándida zanahoria abrillantada,
retórica constante
de inquietudes pretenciosas
coartadas por las mismas tijeras y alicates del tiempo.

¿Quién gira la llave feliz cuando arranca?
¿Quién puede estar tan contento que ruede por las escaleras?
Si no encuentro ahora mismo un motivo suficiente me abandono,
me huyo despavorido.

Acaso el gato que me mira se despide
sin comprender a ciencia cierta la mecánica
y la necedad de las paradojas,
en fin.


Buenos Aires, 10 de febrero de 2014

Derecho de Petición

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¿Me devuelve la pelota señora?

Yo sé que usted la tiene
escondida en su memoria,
del otro lado de la cerca,
próxima al rinconcito
donde se esconde
de mi.

Dele, no sea mala.

Yo le escucho la voz quebrada
y el silencio a siete mil kilómetros,
sentada en el muro,
contando sus dedos como gotas
caídas.

¿No quiere jugar conmigo?

Seguro usted piensa que no la acompaña la suerte,
ni el ánimo,
que le jode perder y empezar todo de nuevo,
que los juegos no son cosa de gente seria.
que ya no es una niña
que piensa que los mayores son buenos
porque dan refresco.

Pero oiga,
recuerde que estoy acá
del otro lado del muro,
que la espero,
que sé que aun tiene fuerzas para brincar la cerca,
que la invito si usted quiere.

Y si no,
por favor,
devuélvame la pelota,

aunque sea pinchada,
¿sí?



Buenos Aires, julio/febrero 2012/2014

Declaración Jurada

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Yo monotributeo.
Tú monotributeas.
Él monotributea.
Nosotros monotributeamos
Vosotros monotributeáis
Ellos evaden.

Buenos Aires, 31 de marzo de 2014

Minina

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Ella tiraba piedras
con los ojos
salpicando su perfume
venenoso
en gotas de colirio.

Yo no me escondo
ni la esquivo
pero tampoco contesto
su vistazo.

Ella tiraba piedras 
con palabras
pulverizando vocales
ponzoñosas
en armónicos bilabiales.

Yo no me agacho
ni rehuyo
pero ni siquiera susurro
una respuesta.

Ella tiraba piedras
cada tanto
confiando su arrojo
resuelto
en mi silencio.

Yo no me inmuto
ni abandono
pero si le escribo disimula,
calla los ojos,
ciega su boca,
camina sorda y nerviosa,
esconde,
despacio,
su mano.

Buenos Aires; 28 de enero de 2014

Exhorto

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Por menos que eso
he pedaleado kilómetros
en plena adolescencia,
he derrapado en arena
lamiendo el asfalto
como una muñeca
sin manos.

Por menos que eso
he apelmazado rosas
en portales con llovizna,
he caminado hasta el mar
queriendo ahogarme
como una piedra
sin pulmones.

Por menos que eso
he madrugado perdido
en los arrecifes de mi costa,
he flotado a la deriva
en el aire pesado
como una hoja
sin huesos.

Por menos que eso
he atravesado fronteras
con el pensamiento,
he vivido acompañado
inconsciente y feliz
como una babosa
sin nervios.

Por menos que eso
he arriesgado mi destino
en la nostalgia,
he acariciado la luz
y el miedo de acabar
como un tendón
sin Aquiles.

Por menos que eso
he pateado mis tableros
repletos de estrategias,
he renunciado a la dicha
volviéndome solo
como un cíclope
sin lentes.

Por menos que eso
he vuelto a soñar en colores
con las velas en el piso,
he abrazado su sangre
desprendida de mi
como una pestaña
sin deseos.

Por menos que eso
he planeado el retorno
buscando una sonrisa,
he anhelado el espejismo
sublime de un roce
como una piel
sin gallina.

Entonces,
basta,
que no puedo perdonarte
tantas veces.

Buenos Aires; 27 de enero de 2014

Será la noche

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¿No me ves?
Yo soy esa bolsa negra
que deambula en el asfalto
y se adhiere a las cubiertas;
que de rueda en rueda rueda
y se aplasta
constantemente.

Me hincho como un globo y crezco
volátil como un papelito;
hasta la curva y la ráfaga
feroz me tiran al piso de nuevo,
como siempre,
me desinflo comprimido
abofeteado sin viento,
me levanto apenas
inflamado
de ojeras rotas y alcancías
insuficientes.

¿No me ves?
Yo soy esa mancha oscura
en tu pupila insomne,
ese brillo molesto de noche que enceguece,
impreso en tus córneas
como un negativo
desenfocado.

Molesto la vista enredado en la escobilla de un Corsa,
me suelto salto súbito supino
y apenas alcanzo aleteando
vendar de negro el guiño de un Mercedes;

¿No me ves?
Yo soy esa bolsa negra
enganchada como un perchero
en la puerta del 39,
y un día de estos,
saltaré a tus piernas
como una media rota
y acabaré estrangulado
entre los rayos de tu bicicleta.

¿Me ves ahora?
mirá de nuevo,
prendé las luces.

Buenos Aires; 13 de enero de 2014