Principio del insomnio

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Despertar sin haber dormido lo suficiente, pero aún así despertar de un tirón y sin reloj; deseoso de un café, de pan tostado con ahínco, de un abrazo a media sábana y un beso de buenos días mi amor, desayunémonos juntos, de nuevo.

Te escucho cerca, tras algunas de las puertas entreabiertas de mi destino estás tú y no te escondes. Las colillas de anoche, el sillón corrido, los libros ausentes y la luna menguante plateada son mis testigos más fieles; pero no recurro a ellos.

Escucho tus pasos de medias a medio caer y no es engaño ni ficción ni metáfora alguna: estás acá en algún lado. Juro que no te fuiste, que no te dejé ir, y te busco constantemente, como el sueño de mañana.


Buenos Aires; 21 de octubre de 2012


Biopsia

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Tras anestesia local de caricias, me dispuse a cortar con la mirada los centímetros de piel que la enmascaran. Una a una, las capas se abrieron con la timidez y el miedo sangrante de silencios; hermético el deseo y sepultada la alegoría.

Hubo antes o después devolución de miradas, adormecimientos leves y caricias vibrantes; peligros de cercanía y roces milimétricos. Hasta que entonces lo vi, escondido entre tejidos, agazapado en una esquinita disimulando calma. 

Y de repente salta despavorido, brota breve y me salpica nodular definitivo, un te quiero tenue, minúsculo pero suficiente.

¿Es grave? preguntó ella. No sé, le dije, tendremos que esperar y estar atentos.



Buenos Aires, 18 de octubre de 2012

Escombros

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A veces me levanto convertido en piedra hueca, 
en un duro cascarón vacío 
que no encuentra la fuerza necesaria 
para la fragua o el derrumbe.

A veces me levanto convertido en un concepto amorfo, 
en un sonido grave gutural seco 
que no transmite frecuencias 
ni registra decibelios a la mínima distancia.

A veces me levanto convertido en pasado, 
en antología de la nada de otro tiempo 
que no ha sido impresa en su debido momento
a pesar de la piedra manchada de tinta.

Y puedo estar inmóvil por minutos largos, 
mirándome hacia adentro 
con la torpeza de un recién nacido, 
con la resignación de un próximo difunto.



Buenos Aires, 17 de octubre de 2012

Puntualizando

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Tarde, toda mi vida he llegado tarde.

He nacido con ocho meses tarde, pues yo debí haber nacido con siete.

Me han inscrito en preescolar tarde, pues he nacido en marzo (y en Cuba las clases empiezan en septiembre). He llegado a la escuela tarde, siempre, al punto de opacar cualquier buena nota, cualquier primer expediente, cualquier "beso de la Patria", cualquier estímulo.

Mis tardanzas se han extendido a mis trabajos, a mis estrevistas, a mis doctores, a mis abogados. He llegado al punto de llegar al consultorio de mi analista sólo para pagarle la sesión perdida y coordinar la próxima, a la cual, ya sabemos, llegaré tarde.

He llegado tarde al Capitolio mientras ella me esperaba, he llegado tarde siempre sin un llamado de aviso mientras ella reclamaba mi presencia. He llegado tarde aun de madrugada a la parada del colectivo el día de su cumpleaños, y me he perdido de verla, abortando la sorpresa por ahogo del tiempo.

Tarde he descubierto el amor, cuando ya he vaciado todos mis fusiles y no hay tiempo ni ganas para la recarga.

Hay otras cosas a las que he llegado a tiempo, de esas no escribiré hoy. Hay otras cosas para las que me he anticipado en demasía, de esas tardaré más en hablar, pues son las más dolorosas.

Cambia, todo cambia

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Y de pronto, en un instante todo parece cambiar...o es acaso lo mismo disfrazado de la nada? o es acaso tu vocación de saltamontes? o el último recurso de la soledad extrema? Pues puede que sí, vaya que me empiezo a tener un poquito de fé, por un instante de nuevo. 

Podría enumerar muchas cosas, sucesiones de hechos, historias e histerias, que sólo redundarían en dos cuestiones fundamentales: No, no lo he vivido todo aún, y: Probablemente meterme en una relación ahora complicaría mucho las cosas. 

Realmente, me ayuda pensar que de algún modo, son historias que debían terminar, o no haber empezado nunca, o terminar abruptamente con incluida súplica en diferido. Y bueno, ha sido una linda adolescencia, quizás? esa juventud veinteañera que no tuve? o que disfruté (porque realmente disfruté) desde otro lado de la vida?

Cada historia cataliza otra historia, la predispone, la circunstancea si me permiten el verbo. De algún modo soy mejor tanto por las mujeres que me han dicho que sí, como aquellas que me han negado rotundamente. Incluso las que me han dejado con dudas, pero al final las entiendo, y es probable que ahí nazca mi infortunio. 

Entender a cualquier ser humano es todavía hoy por hoy, un ejercicio complicado, insalubre y agotador. Conocés personas, algunas desde hace ya bastante tiempo. Charlás, salís con ellos, trabajás con ellos o cursás juntos, pero entender entender, te entiendes con muy pocos, y nunca plenamente.

Entender a alguien, es de algún modo asimilarlo un poco, ponerse en el lugar de... Y yo tengo una tendencia, es como un hilo que sigo, con más o menos dudas, a pretender entender a todo el que realmente me interesa. Pero al final, uno es carne y huesos, y por mucho que te esfuerces, será imposible. 

Y ya te da lo mismo pensar si es que no es, o es que las circunstancias le impidieron ser. El hecho concreto es que no están, pasaron, de una forma u de otra, como todos tus trentipico de años. 

Y cuando dices mujeres, también dices Cuba, también Argentina.

De algún modo voy tomando aire pa salir, aunque anduve bastante oscuro por allá abajo. Sé que ni remotamente he tocado fondo aún, pero ya está, lo que vi me asustó mucho, vamos a tomarnos un aire y dejarnos sorprendes gratamente, como si fuera un viernes con v de vino.

Vamos por lo menos a intentarlo. Total, yo soy un crédulo de mi mismo, siempre me creo lo que escribo. Capaz que si escribo que todo está bien, las cosas se arreglan (y esto no es una oración, es un intento de compromiso conmigo mismo, capaz que con este impulso escribo al final el cabrón boceto para la novela).

PDs: 

- No olvidar, La Demajagua (no sé a que viene pero acabo de darme cuenta que es 10 de octubre, es feriado en Cuba).
- La foto nada que ver con nada, es el chino de los Fernandez Fierro, en una presentación en CAFF el año pasado.


Adiós Septiembre

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Desamárrate de una vez, ya que tanto ansías,
desata los nudos de tu virginidad postergada,
rompe las cuerdas de la razón y el sentimiento,
y dale rienda suelta a lo que no sabes que quieres.

Suéltate de una vez, ya que tanto te empeñas,
libérate de la cruz, el pan y el cáliz exquisito,
deshecha cualquier posibilidad que no sea inmediata,
y sal a vivir sin miedo aun porfiando valentía.

Desenrédate de una vez, ya que tanto te interesa,
desteje de un tajo este suéter de hilo infinito,
quiebra las agujas, los por qué y los por cuánto,
y derrámate con fluidez descreyendo gravedades.

Desencadénate de una vez, ya que tanto deseas,
olvídate de mí, del nosotros que nunca fuimos,
desbarata a aquel sueño de velas y colores en la piel,
y córrete lejos, que septiembre acaba.




Buenos Aires, 30 de septiembre de 2012

Invernar

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Debo confesar que me gusta el frío, como casi todo nativo del trópico que aprecia cualquier temperatura por debajo de los 20 °C (cosa rara en mi isla querida). Y este es mi décimo invierno en la Argentina, y la Patagonia (que debo reconocer sólo he conocido en verano) es uno de mis lugares en el mundo. 

Incluso hace unos años parte de mi rutina fue durante un tiempo soportar estoicamente sistemáticos madrugones en la parada del 60 en Panamericana y San Martín (los cubanos imagínense esperar una guagua a las 5 de la mañana con 0° de temperatura y el vientito descampado de la ochovía a la altura de la CUJAE, por poner un ejemplo). 

Me gustan los abrigos largos, las bufandas, los gorros y los guantes. Disfruto incluso del vapor helado propio y de bocas ajenas que se exhalan como nubes de aliento.

Sin embargo este año las estufas se han entibiado sospechosamente, el agua caliente sale apenas templada  y los abrigos son una tela endeble y finita por donde circula el aire como hilos de viento polar presurizado.

No sabría decir si es la sorpresa o el ímpetu de su llegada, a pesar de de los preavisos de éste otoño, pero hay algo en este invierno que no me banco.

Y prefiero no saber.