Puntualizando

Tarde, toda mi vida he llegado tarde.

He nacido con ocho meses tarde, pues yo debí haber nacido con siete.

Me han inscrito en preescolar tarde, pues he nacido en marzo (y en Cuba las clases empiezan en septiembre). He llegado a la escuela tarde, siempre, al punto de opacar cualquier buena nota, cualquier primer expediente, cualquier "beso de la Patria", cualquier estímulo.

Mis tardanzas se han extendido a mis trabajos, a mis estrevistas, a mis doctores, a mis abogados. He llegado al punto de llegar al consultorio de mi analista sólo para pagarle la sesión perdida y coordinar la próxima, a la cual, ya sabemos, llegaré tarde.

He llegado tarde al Capitolio mientras ella me esperaba, he llegado tarde siempre sin un llamado de aviso mientras ella reclamaba mi presencia. He llegado tarde aun de madrugada a la parada del colectivo el día de su cumpleaños, y me he perdido de verla, abortando la sorpresa por ahogo del tiempo.

Tarde he descubierto el amor, cuando ya he vaciado todos mis fusiles y no hay tiempo ni ganas para la recarga.

Hay otras cosas a las que he llegado a tiempo, de esas no escribiré hoy. Hay otras cosas para las que me he anticipado en demasía, de esas tardaré más en hablar, pues son las más dolorosas.

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