Partículas en suspensión


Una vez más se acostó temprano, porque sabe que parte del problema es acostarse temprano, porque a la mañana tiene más pilas y levantándose tres horas antes puede llegar a hacer algo que valga la pena, aunque sólo sea doblar un poco de ropa y dejarla sobre la cama. 

Si lo piensas mucho no lo haces; de hecho, sé perfectamente que aunque ya empezaste, es muy difícil que termines de escribir esto. Una duda de sentido, elucubrar algún sinónimo... hasta titubear sobre la acentuación me distrae constantemente, me hala, me reclama con el ocio como arrullo. Haber apagado la luz no ayuda a pesar de que recién anochece. El sueño es otro que a veces vence al hastío y en cualquier momento caigo rendido, aire acondicionado y colchón nuevo mediante. De hecho, si me detengo mucho en la descripción pierdo el hilo rápido. Por eso nomás escribes manifiestos barrocos sin rima, de imágenes fáciles y de tono fatalista sin remedio, ¿podrás cambiar de canal y volver a la historia? Dale sí, fúmate un cigarro, un cigarro siempre ayuda, como si te hiciera falta humo.

Desde que tiene la cama nueva fuma temeroso de las colillas, o peor, una brasita encendida que caiga por alguna de sus torpezas frecuentes, y entonces ocurra lo inevitable, lo que ya no tiene vuelta atrás, con posterior triste resignación incluída:

Estará bien hacer esto? Desdoblarse de esta manera con tal de curar una soledad incurable? o será que desdoblarse es el síntoma inequívoco de la insanía? Digo, realmente debo escribir de todo lo que me pasa? Acaso es lo único que sé escribir?. Tú lo has dicho, pero no ahora eh, no te me vengas a hacer el inspirado conmigo que ahí tienes cientos y cientos de notas y boceticos de mierda, regados como agua finamente dividida. Todos dicen mas o menos lo mismo, explícita o implícitamente, y hasta has ensayado mil formas de plantearlo más o menos decentemente, y ni siquiera confías en que éste intento por lo menos, no sea una reverenda basura.

Para, piensa, no mucho tiempo, no tiene mucho tiempo hasta que se le terminen las ganas de escribir, esto, que piensa de nuevo, no sabe lo que es; que quiere ser algo pero puede ser todo, o nada, como tanto, como todo. Vacío de sentido escribe. intenta seguir escribiendo como quien intenta agarrar una botella o un salvavidas. Quiere escribirle a ella, que está lejos, que siempre está lejos, cada vez más lejos, mientras afuera persiste la niebla en su tercera semana:

Es que escribir es un acto cruel. todo lo que involucra el proceso de escribir es un acto de soledad, podemos haber adquirido socialmente una lengua, pero el lenguaje nace en uno mismo y adquiere una dimensión muy personal para cada uno. La lengua será social, pero eso... esa cosa que pasa en la cabeza de uno cuando se responde con palabras ante estímulos de la realidad, eso es una soledad absoluta. ¿Y tú dices que por eso los escritores se inventan personajes, historias, y puntos de vistas espaciales? ¿Que hablan consigo mismos y deciden ponerlo sobre papel porque están todos quemados, o que estaban casi a punto pero con el ejercicio se achicharraron, no? Algo así, no sé, no conozco tantos escritores, igual hablo por mí, hablo por lo que me pasa a mí. Ya sé mijo, ya quedó en claro que tú sólo sabes hablar de ti mismo, por eso te va como te va, y hasta la humareda de estos días es tu cabeza ardiendo aserrín mojado. No te puedes inventar historias, apenas si podes manejar niveles de realidad en un texto, lo que más se te da es ficcionar un poco las cosas, ir matando personajes (casi nunca agregas nada). Igual tengo un par de cuentitos muy ficcionados, de hecho mi primer cuento no es un historia real. 

Escribe el punto y aparte y piensa, probablemente el de casi nadie lo sea; en las primeras historias de vida por lo general todo nos parece irrealmaravilloso, así de junto, así de abstracto y rocambolesco:

Es fácil imaginar cuando no se ha vivido casi nada, es la única herramienta que tenés, es lo único que te sale. Bueno tigre, no tan calvo, que si fuera por eso tú serías el tipo más imaginativo del mundo,  si algo tú no has aprendido a estas alturas es vivir. Dicen que nadie aprende, que es todo un ejercicio constante y para todos tortuoso, aun para los más negados y los más huecos, aunque no se den cuenta, aun los ciegos neblinosos. ¿Y ahora qué? ¿En qué quedamos? Has vivido pero no has aprendido nada, vaya noticia, y encima pretendes excusarte diciendo que a todos les pasa lo mismo. No caigas en eso muchacho, que tú no eres igual a los demás, eres diferente.

Y piensa diferente como una incapacidad, como un no alcanzar a percibir, a entender, a escuchar, a transmitir, y claro, ahí está de nuevo, esa soledad, esa maldita nube en sus ojos, esa mediasombra de pestañas, esos lentes empañados de grasa. Se da vuelta, ya le duelen los codos de estar boca abajo. Apaga un rato el aire y abre la ventana. Entonces la humedad lo invade condensada. 

Piensa en el calor de estos días, en las tormentas secas sin arena con goterones de polvo y en los poemas inconclusos de las tardes; en las fiestas sin ella, sin él. En que tanta palabrería hueca acabará por ahuyentarla más aún; como si la lejanía fuera su destino manifiesto y esta neblina fuese imaginaria, proyección de sentido, intento de acercamiento climático, simpatía pulverizada y cursi.

Termina de fumarse el último pucho. Sin nicotina no se puede escribir, piensa. Mañana tendrá que salir rajando a comprar un paquete bien temprano, si es posible antes de desayunar. Prende la luz por un instante, medio ciego saca todo de arriba del colchón nuevo y apaga. Se acuesta, el sueño no tardará en venir, ya son más de las doce. La ropa limpia doblada ha terminado dispersa en el piso de nuevo.

Recuerda la única vez que ha escrito junto a alguien, ahí, en ese barcito al costado de Parque Lezama, donde aquella noche la soledad pareció extinguirse para siempre. Recuerda el aclarar caminando, la flor y la luna de plata frente al lago, bajo el ángel. Recuerda entonces que ha pasado el tiempo, que ahora ella no está y que su corta ausencia no la hace menos profunda. El derretir de los días vuelven las horas años de ceniza. 

Cansado, respira el humo y la niebla irremediable que sofoca y agita también al resto. Pero sólo él sabe la causa de tanta contaminación y densidad atmosférica, quizás porque sólo el la siente. El resto de la urbe (muchedumbrita exagerada por metro cuadrado) no parece inmutarse; se duerme, ya dormirá o ya ronca ignorando su identidad arrebatada, su nombre falso, su smog y su asfixia: 

Nada puede ser realmente bueno si ella le falta a esta ciudad, mucho menos los aires.


Buenos Aires; 09 de enero de 2013

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