Todo tiempo pasado

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Anoche soñé delante tuyo
vomitando en seco
todo lo que extraño.

Y escupía palabras como vidrio molido,
como botellas rotas por la resaca violenta;
escupía la sangre como un hígado muerto,
coagulado en mis venas hervidas
sin piel,
sin pasas
sin uva
y sin nueces.

Anoche soñé delante de tus ojos
que lloraban en polvo
todo lo que fuimos.

Y se me enredaba la lengua como un trapo de piso,
como lagarto revolcado en salares perpetuos;
se me enredaban las cuerdas como alambres de tela,
alfombrado en mi garganta apelmazada
con pezuñas,
con anzuelos
con espinas
y con púas.

Anoche soñé delante de tus manos
soportando en peso
lo que no pude sostenerte.

Cachi, 12 de diciembre de 2013

Chacarito

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Y qué le voy a hacer 
si yo vivo en el cementerio, 
si para colmo mis calles no alumbran nunca el nicho
que me corresponde, 
si termino constantemente dormido a la intemperie sobre el mármol,
tembloroso
como un rolito.

Y qué le voy a hacer 
si mis vecinos no me hablan, 
si por si fuera poco debo huir sigiloso de los custodios
y las pulgas, 
si acabo invariablemente solo a la madrugada sobre el pasto,
desenchufado
como una bordeadora.

Y qué le voy a hacer
si me comen los gusanos,
si no son suficientes las moscas frotándose las patas
en silencio,
si concluyo eternamente putrefacto ceniciento sobre el polvo,
extinto
como un fuego fatuo.


Buenos Aires; 24 de noviembre de 2013

Nota de débito

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Vos me debés diez pesos,
no creas que me olvido tu sonrisa:
tu ojos capuchinos,
tu estatura edulcorante
y aquel ambo manchado con silencio.

Vos me debés una canción,
no creas que me olvido tu mañana:
tu acuarela calcada,
tu relato maltrecho
y aquella postal dedicada con champaña.

Vos me debés una charla,
no creas que me olvido de tu miedo:
tu negativa nerviosa,
tu chau no vuelvas más
y la mandada al carajo que respeto a rajatabla.

Pero vos,
sí vos,
me debés diez pesos,
En monedas,
¿recuerdas?

Buenos Aires; 06 de agosto de 2013

Aposemática

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Amarillas las vendas largas del asfalto,
doble cinta la frontera del sentido.
Y las luces,
amarillas gelatinas de la noche,
coágulo infecto tembloroso de hipocondria 
y miedo.

Amarillo el rectángulo atornillado
que me avisa y me refleja:
Cuidado escalón, me dice,
cuidado escalón, 
dos veces.

Me pongo los audífonos pero no escucho nada, 
el silencio es menos azul que una tortilla espumosa 
y más intenso que la mostaza.
El silencio es la ansiedad empastillada de azafrán 
y mercurio
en cápsulas blandas.

Amarillos asideros colgantes de Babilonia,
girasoles que exprimo como lianas.
Y la fiebre,
esa amarilla tropical que me acompaña,
fluorescencia de gorriones
con cirrosis.

Amarillas las marcas reflectantes
que me impiden resbalar como es debido:
Cuidado escalón, me frotan,
cuidado escalón,
de nuevo. 

Cierro los ojos pero no descubro nada, 
la oscuridad es un reflejo contaminado de cadmio 
y una explosión xantoproteica en mi retina.
La oscuridad es la ceguera borgeana del otro,
bastones enconados
de ictericia.

Amarillos los huesos flacos de la barriga del bondi, 
costillar de barrotes sin entrañas.
Y el semáforo, 
amarilla pestaña del tiempo, 
guiño perpetuo titilante 
de la histeria 
y basta.

Amarilla era su blusa descolgada 
del perchero de sus hombros:
Cuidado escalón, recuerdo,
cuidado escalón,
y no me importa.

Abro la boca pero no digo nada,
de un frenazo la página envejece
y de un tirón se me agrietan los sentidos.
La polimita prosigue intacta su espiral
y yo me extingo
en la vereda,
como una yema reventada.


Buenos Aires; 14 de septiembre de 2013

Relojes derretidos

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Y ahora soy yo quien duerme de nuevo en el colectivo,
buscando el sueño que la espuma me niega
como un resorte atravesado.

Quizás va siendo hora de poner en orden mis recuerdos,
mis mechones de pelo con cintita,
mis diplomas escolares,
mi expediente.

Y ahora soy yo quien yace eternamente cabeceando,
recostado al vidrio húmedo y glacial que vibra
como una pandereta.

Quizás va siendo hora de abandonar la filatelia,
la colección incompleta de la fauna,
la historia postal del desencuentro,
la estampilla suelta única en su especie.

Y ahora soy yo quien cierra los ojos como un lagarto,
reptando inerte una vez más
con la esperanza de la cripsis.

Quizás va siendo hora de exterminar las mariposas,
la lepidóptera costumbre de la seda intacta,
la polilla hambrienta de inquietudes,
la postura convicta de la metamorfosis.

Nada cambia,
será mejor que me acostumbre.

Buenos Aires; 01 de agosto de 2013

Ropa vieja

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Sumerja sus carnes en agua salada,
preferentemente del caribe,
donde el mar caliente abunda
y ablanda.

Ripéese la falda sin recato,
desmenuce su cintura estrepitosa,
clave las uñas hasta la hebra
más fina.

Corte el llanto de la cebolla,
el tomate sin piel en cuadraditos,
el ajo desdentado y el pimiento verde
al caldero hirviendo con aceite.

Sofríase un poco hasta dorarse,
derrame el vino blanco en cucharadas,
vierta el jugo de la carne y dele candela
a fuego lento diez minutos.

Arroje todo con descaro,
sazone cada fibra en la cazuela,
recuerde el laurel de la victoria
y el pimentón de sus labios.

Remuévase con sociego y pausa,
remuévase con deleite,
remuévase media hora niña 
y que no se pegue.

Acompáñese con arroz blanco,
un aguacate maduro,
un pedazo de malecón
y un mojito.
Buenos Aires, 28 de julio de 2013

Fuera de órbita

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Nah, si yo no soy un selenita:
Si ni aullo por plenitudes menstruales,
ni me crecen pelos en la lengua,
ni mi estado se anima con las mareas.

Nah, si a la nueva no la registro:
Si ni cuando crece me cosecho,
ni cuando mengua me germino,
ni cuando llena me alumbra suficiente.

Nah, si yo no he sido cosmonauta:
Si ni he plantado mi bandera,
ni la he pisado en pasos cortos,
ni guardo rocas extrañas como muestras.

Nah, si al final,
ella y yo sólo tenemos en común los cráteres,
el lado oscuro,
y el haber girado tanto tiempo como una mosca
buscando el centro de tus gravedades.

Buenos Aires, 27 de julio de 2013